Pablo Mailhos

Pablo Mailhos

De atmósferas sutiles, arrítmicas eclosiones cromáticas

 

Pablo Mailhos, Montevideo - 1962

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En 1982 ingresa a la Facultad de Arquitectura. Desde su infancia pinta de forma autodidacta.

Durante 25 años se dedica a la profesión inmobiliaria. En 2014 se integra a la Fundación de Arte Contemporáneo, dirigida por el pintor López Lage; participa en los talleres de pintura y en diferentes seminarios sobre coleccionismo, crítica de arte y programas de formación permanente. Expuso en muestras colectivas en dicha Fundación.

Próximamante inaugurará su nuevo taller en Carrasco.


En todo relato visual existe una condición imprescindible que es previa a todas las demás, a toda estimación analítica o cualitativa. Esa condición reside en la sinceridad con que el artista propone dichos relatos. La autenticidad sensible, el interés creativo. Y, mas allá de toda posible influencia consciente o inconsciente, una afinad singularidad. Conste que se ha dicho singularidad y no originalidad. Tras varios siglos, cualquier pretensión de originalidad es tan solo una entelequia inútil. Lo realmente importante es que el artista descubra su capacidad para jugar con las combinaciones cromáticas, la particular sutileza y la gracia formal que instaura escenografías propias. Lamentablemente un importante sector del arte que se produce en estos tiempos ha descuidado esa premisa esencial. Antes que la honestidad hacedora la búsqueda visceral del cómo y del paraqué, se elige la superficialidad, latrasgresión insustancial, los fuegos fatuos, es decir, casi el vacío.

El primer rasgo que transmite la pintura de  Pablo Francisco Mailhos es una clara sinceridad autoral, sus pinturas podrán gustar mucho o no tanto, eso es siempre una cuestión de preferencia subjetiva. Pero la franqueza que irradian sus imágenes ostentan una gozosa vitalidad, un vínculo entrañable entre quien crea la pintura, la va elaborando, la va modulando, hasta sentir que el proceso ha llegado a una primera conclusión. La segunda, sobrevendrá cuando quien la recibe le da consumación definitiva en sus ejercicios introspectivos. Existe, además, una pureza de planteo pictórico que estaría subrayando esa saludable franqueza. No son composiciones de grandes dramatismos ni de refinamientos elegantes. Hay una cierta, mesurada tensión Entre las distintas áreas. Un juego de fluidas imbricaciones entre zonas de una contenida sensualidad y entramados que se fusionan en ellas de manera casi displicente. En ocasiones, parece inminente una cierta irrupción tempestuosa, pero no hay peligro: todo se diluye en las hermosas sonoridades musicales que entrelazan áreas de color, suaves texturas y un dibujo delicado, temeroso de imponer sus filigranas inciertamente cuadriculadas.

La franqueza se muestra también en la pericia para seleccionar colores. No hay contrastes estridentes ni juegos de texturas vigorosas. Todo es sedosidad, una poética tersura, una fragilidad tan delicada como persistente. Ciertas áreas de color que simulan carecer de toda carnadura mientras que otras acercan fragancias de reminiscencias frutales. En un escenario casi penumbroso zonas de un matiz rojizo parecen establecer una confrontación casi coreográfica, una suave ascensión de la luz dominando una opacidad cada vez más débil.

La misma sinceridad que Pablo Francisco Mailhos manifiesta en sus presupuestos creativos y en su sintaxis formal, llega a instaurar una densidad semántica en el complejo mundo de los significados. Aunque la certeza de quien escribe suene a un reiterativo llover sobre mojado, conviene recordar una vez más que la cuestión de los significados es tremendamente elusiva y, arduamente inapreciable. Ante todo porque supone una construcción subjetiva. Mucho más subjetiva, cuando se trata de mundos interiores que el artista va trasegando en sus vivencias. Ese artista mira, captura, en ocasiones ve, en otras a penas visiona. Pero todo el repertorio visual que el medioambiente va ofreciendo sedimenta lentamente, va permeando la sensibilidad, transformando lo reflexivo en algo casi mágico. Es un archivo de formas y colores, de circunstancias, de una extraña persuasión, es decir, un mundo que antes pudo ser ajeno pero que termina siendo arraigadamente propio. Después de un tiempo, lo que antes solo eran mensajes dispersos de la realidad, demoradamente, se transforman y emergen en escenas impensadas. Un mundo deslumbrante comienza a nacer y concreta imágenes prodigiosas. Verdes primaverales se combinan con naranjas y rojos otoñales. Luces diurnas parecen enlazarse con irradiaciones nocturnas. Planos de colores dóciles o vigorosos. Parecen someterse a una encantadora precariedad compositiva. Enotras ocasiones azules luminosos evocan un cielo que supo ser y ya no está. En medio de ese diversidario cromático, rítmicamente surge el co-protagonismo de cuadrículas, de retículas, triangulaciones, espirales alargadas y sinuosas. Lo que antes de la primera pincelada pudo ser un apacible paisaje interior, se multiplica ahoraen escenas radiantes, vitales, plenas de un delicioso y cautelosamente delirante empuje vital. 

Alfredo Torres